En uno de los “foros survivaleros” que visito cuando tengo ocasión encontré una referencia al libro “LA CARRETERA” (de Cormac McCarthy) y no puedo dejar de recomendar esta joya de la literatura en general y del genero “apocaliptico / survivalista” en particular.Lo primero que quiero dejar claro es que este no es un manual de supervivencia ni nada parecido, aunque en sus páginas podemos encontrar algunas sutiles referencias.
“Los relojes se pararon a la 1.17 Un largo tijeretazo de claridad y luego una serie de pequeñas sacudidas. Se levantó y fue a la ventana. ¿Qué pasa?, dijo ella. Él no respondió. Entró en el cuarto de baño y pulsó el interruptor de la luz pero ya no había corriente. Un fulgor rosado en la luna de la ventana. Hincó una rodilla y levantó la palanca para tapar la bañera y luego abrió los dos grifos a tope. Ella estaba en el umbral en camisón, agarrada a la jamba, sosteniéndose la barriga con una mano. ¿Qué es?, dijo. ¿Qué pasa?
No lo sé.
¿Por qué te bañas?
Yo no me baño.”
Este libro, refleja más bien la vertiente psicológica de la supervivencia. Los protagonistas no visten ropas técnicas ni asan conejos en alegres fuegos de campamento. Tampoco esperan la ayuda de un equipo de rescate. Aquí los supervivientes tienen que sacar, en todo momento, fuerzas de donde ya no quedan y su mundo, dominado por el hambre, es oscuro, frío, peligroso y carente de toda humanidad. Es más bien un mundo a lo “Mad-Max”, pero en una película sin música, casi sin diálogos y por supuesto en blanco y negro.
“Se sentó en la carretera a mediodía con la mejor luz que iban a tener y cortó las suturas con las tijeras y devolvió las tijeras al botiquín y sacó las pinzas. Procedió a arrancar de su piel los pequeños hilos negros, presionando con el pulpejo del dedo gordo. El chico le observaba sentado en la carretera. El hombre sujetó los extremos de los hilos y con las pinzas los fue sacando de uno en uno. Puntitos de sangre. Cuando hubo terminado guardó las pinzas y tapó la herida con gasa y luego se levantó y se subió el pantalón y le pasó el botiquín al chico para que lo guardara.
Te ha dolido ¿verdad?, dijo el chico.
Sí.
¿Eres muy valiente?
Regular.
¿Qué es lo más valiente que has hecho?
Escupió en la carretera una flema sanguinolenta. Levantarme esta mañana, dijo.
¿En serio?
No. No me hagas caso. Vamos, en marcha.”
Probablemente este no sea un libro recomendable al “público en general” ni tampoco para quien no le guste leer, pero a cualquiera que le guste disfrutar con un libro en sus manos, las doscientas páginas de este libro se le van a pasar volando y probablemente le darán que pensar.
Yo he tardado poco más de un día en leerlo (lo hubiera hecho de un tirón si las circunstancias me lo hubieran permitido) y he de reconocer que ha habido momentos en los que me he metido tanto en el desarrollo de la historia que sentía un desasosiego y una incomodidad y difíciles de explicar.
Ahora que viene el verano y todos tenemos un poco de tiempo libre, no os olvidéis de este libro:
La Carretera de Cormac McCarthy.
